Marruecos y sus olores

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Marruecos y sus olores

Mensaje por Merce el Mar 10 Mar - 2:23

Si atraviesa Vd. el Estrecho, vía marítima, desde Algeciras y siendo un día de favorable viento de poniente, el primer olor que percibirá,
si se asoma a la borda del barco, será el del salitroso Atlántico que, al sobrevolar la isla de Perejil -sí, aquella del conflicto- le traerá
recuerdos mitológicos, ya que, según Homero, esa isla llamada Ogigia es donde moraba Calipso, hija de Atlante y a donde fue a para Ulises, después de un naufragio, para terminar casándose con ella.

Una vez en tierra marroquí, quedarás sed Una vez en tierra marroquí, quedará seducido por los olores que desprende la completa gama de su vegetación floral. En los alrededores de Larache, donde la mitología sitúa el "Jardín de las Hespérides" hay una gran extensión de naranjos cuyas flores perfuman aquellas tierras y, también, el té y las pastas tradicionales del país. En los amaneceres de enero, la tierra marrueca se cubre de una capa blanca con los delicados perfumes de los narcisos que inundan los campos; hacia mediados de febrero llegan los olores de las violetas azules y de las grandes mimosas que aparecen con pequeños penachos amarillos.

En este país de los jardines, el geranio se abre en arbustos y tanto el tipo rojo como el blanco lanzan al aire sus deliciosos aromas. No
hay avenida en Marruecos que no haya sido trazada entre una verdadera hilera roja malva o naranja de las buganvillas, sobresaliendo la de
Larache y la de Fez; ni regiones en las que no aparezcan poblados bosques de cedros, donde el sol se filtra dulcemente a través de sus
tupidas frondas, como en el Rif. Y las palmeras, los pinos, cipreses y tuyas; los encantadores naranjos y limoneros, el diluvio de flores que
nacen por doquier, las aromáticas espontáneas que, como la menta, el tomillo y la hierbabuena, embalsaman el ambiente y lo cargan de
perfume. Hay un Jardín Exótico cerca de Rabat, que es una creación única en África y en Europa; un paseo por sus jardines es un viaje
"oloroso" alrededor del mundo. Junto a los sensibles olores de los cocos argentinos, de las falsas pimientas y de un sin fin de especies
forestales, salen al aire los deliciosos perfumes de las magnolias y las orquídeas.
En Marruecos hay que distinguir entre el olor de las ciudades y de las medinas. Aunque la palabra "medina" se traduce por ciudad, se refiere exclusivamente a los primitivos núcleos de población árabe, totalmente amurallados, y en cuyo ambiente se desprende el olor a
especias de sus zocos y el de almizcle de sus calles. Pero también hay un zoco exclusivamente de semillas y flores, el Gran Zoco de Tánger,
que está a la salida de la Puerta de Fez de la medina.

Allí, las montañesas, con sus grandes sobreros de paja y sus faldas rayadas de rojo y blanco, te ofrecen en grandes cestos innumerables semillas de olorosas flores, que sirven para adornar los jardines marroquíes, ypreciosos ramilletes de flores cuyos aromas se extienden por toda la plaza. El olor que más sobresale, y cuya flor más se vende, es el del jazmín, por que tiene una gran importancia en las ceremonias matrimoniales. Los zocos tienen sus clásicos olores; por ejemplo, el de las babuchas con olor a cueros. Desde la época almohade se trabajaba al cordón la piel de cabra curtida, cuya técnica llevaron los musulmanes a Córdoba, ese cuero se llamó cordobán. ¿Saben ustedes por qué las babuchas no tienen talón?, para desprenderse fácilmente de ellas y no estropear las alfombras de los suelos de las casas y, sobre todo, para no transportar a los lugares santos el innoble polvo de las calles y de los caminos.


En todos los zocos se olerá a "henna" (alheña), de cuyas hojas secas, machacadas y molidas, se obtiene la pasta que aplican a
las manos y a las plantas de los pies. Y también notarán el olor a "kohol", sustancia tintórea producto de la mezcla de sulfuro de antimonio, de sulfato de cobre y de clavo, que se utiliza para embellecer los ojos.
En Safí, la parte alta, es el lugar de los olores químicos de cromo y de manganeso que sirven para la rica policromía de su bella cerámica;
en la parte baja se desprende el vaho, agrio y penetrante, de las industrias de conservas de pescado. En Essauira, bajo la influencia de
vientos alisios y su exposición a fuertes mareas de invierno, el aire que se respira, procedente del mar, trae "apetitoso" olor a mariscos
frescos; pero, cuando entras en su medina -fortaleza amurallada por el rey Manuel de Portugal, en 1506 y llamada Mogador- te invade el olor a aserrín, a madera seca y a barnices procedente de numerosas fábricas de marquetería. En las cercanas islas de la bahía de esta ciudad -islas Purpúreas- el rey Juba II hizo construir una fábrica de púrpura, tinte rojo procedente del molusco de ese nombre.
En cualquier zoco de Marruecos, puedes complacerte tomando un buen vaso de té con mucha hierbabuena y muy azucarado.


A veces, cuando se está respirando el afrodisíaco olor de la hierbabuena, surge el fuerte olor de las parrillas de pescado o los pinchos de cordero. ¡Qué contraste de olores!. Sin embargo, esta mezcla y colorido es lo que hace de Marruecos y sus calles un lugar único e
inolvidable.
En cualquier zoco de Marruecos, puedes complacerte tomando un buen vaso de té con mucha hierbabuena y muy azucarado. A veces, cuando se está respirando el afrodisíaco olor de la hierbabuena, surge el fuerte olor de los asados de cabezas de borrego y del braseo de los pinchitos de carne y entrañas de cordero. ¿Qué contraste de olores!. Sin embargo, este último "aroma" es el más apreciado de los montañeses.
Autor: Ángel Flores

Merce

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